Personajes de la Ciudad de Los Reyes Valle Dupar

jueves, 12 de junio de 2014

José Eugenio Martinez Villazón-Biografía.


José Eugenio Martínez Villazón

1912-1971


Nace en La Paz, Robles, el 12 de agosto de 1912. Fue bautizado en esa parroquia por el presbítero Silvestre Daza, quien lo apadrinó en compañía de la señorita María Juliana Arzuaga. Su padre se desempeñaba como maestro en la cabecera municipal de Robles y allí trascurrieron los dos primeros años de su infancia.



Fue hijo de Eugenio Martínez Maya y de Juanita Villazón Mestre. Nieto del patriarca Moisés Tácito Martínez Puche y de Dolores Maya Laborde. Sus abuelos maternos fueron Antonio Villazón González y doña Camila Mestre Villazón.

Tuvo 10 hermanos: Carolina, Juana Carmela, Rosa Delfina, Luis Alberto, Tácito, María Teresa, Magdalena, Joaquín, Julia y Luisa Martínez.

La que fue su casa paterna está ubicada en el cruce de la calle San Francisco (hoy carrera 6) con la calle del Convento Viejo (hoy calle 14), distinguida con el #14-12 de la nomenclatura urbana vigente. Actualmente es la residencia del doctor Carlos Céspedes Martínez y su señora, doña Gloria Ester Torres Moscote.

Cursó los estudios primarios en la escuela que funcionó en el convento de Santo Domingo, hoy catedral, que dirigió el maestro Virgilio Soto, de origen riohachero. Entre otros fueron sus condiscípulos: Clemente Quintero Araújo, Juan Castro Monsalvo y Luis Baute Pavajeau.

El plantel fue iniciativa de la Misión Capuchina. Económicamente dependía de la parroquia de la Concepción y fue el antecedente de la legendaria Escuela Parroquial fundada por el padre fr. Vicente de Valencia precedente, a su vez, del actual colegio Pablo VI, también hoy, seminario menor de la diócesis de Valledupar.

En 1912, Valledupar era una comunidad social y económicamente determinada por el aislamiento, inmersa en el atraso y en el sopor de la monotonía; predominantemente pecuaria y rural.

José Eugenio nace a los 11 años de finalizada la Guerra de los Mil Días. El país en general y ésta incomunicada provincia en particular, padecen las adversidades generadas por la guerra, no obstante, la progresista y transformadora administración del general Rafael Reyes (1904-1909).

Partiendo de las precarias posibilidades académicas para la formación de la niñez y de la juventud, el ambiente social no era propicio para la actividad cultural.

A la edad de 14 años, en 1926, viaja a la ciudad de Santa Marta para cursar los seis años de secundaria. El Liceo Celedón le confiere el título de bachiller el 22 de septiembre de 1932. En el cuerpo y texto del diploma se lee la anotación siguiente: “…con derecho a ingresar a la Universidad para optar el título profesional de Abogado”.

Por esa época, mediante concurso entre los egresados, el Liceo otorgaba una beca para cubrir los gastos universitarios. José Eugenio participó pero el favorecido fue el bachiller Casimiro Daza Plata, nacido en San Juan del Cesar.

La difícil situación económica le impide cumplir con sus anhelos académicos. Terminado el bachillerato permanece en Santa Marta dedicado a la docencia en las asignaturas de inglés, francés, cívica e historia como profesor de planta del Liceo Celedón.

Hoy, es corriente que los jóvenes conozcan e incluso dominen varios idiomas. Es evidente en un mundo bajo el influjo de la moderna, inevitable e incontenible globalización. El poliglotismo, gracias a la universalización de la cultura, del comercio, de las comunicaciones y las modernas tecnologías, fluye obvio. La pedagogía induce a que desde la niñez se piense y se exprese en, al menos, dos lenguajes.

No era así a principios del siglo XX cuando se orientó la formación académica de José Eugenio en los estudios de primaria y bachillerato. Sus conocimientos del inglés y el francés fueron el fruto de su individual inquietud mental, más allá, del medio cultural y evidencian un rasgo de su formación: fue un autodidacta esforzado por ser moderno y universal en la medida en que superaba las limitaciones socio-culturales de su entorno. Así surge de sus numerosos escritos: cartas, discursos y artículos.

Se dice que las “oportunidades son calvas”, es decir que hay que aprovecharlas, con rigor ético, positivamente. Eso fue lo que hizo el joven José Eugenio durante los años de estudios en Santa Marta para avanzar en sus conocimientos del francés y el inglés partiendo de las enseñanzas impartidas en el Liceo.

Don Pepe Laborde, primo de su abuela paterna Dolores Maya Laborde, fue su acudiente en Santa Marta. Don Pepe fue rector del Liceo y se había educado y vivido durante varios años en París. José Eugenio en sus ratos libres se esmeraba por charlar en francés con su preceptor y lo mismo hacia los sábados y los domingos en que invariablemente visitaba a su acudiente. Perfeccionaría los conocimientos en esta lengua al ser profesor de ella en el Liceo.

Durante la segunda y tercera décadas del siglo XX, Santa Marta tuvo gran actividad portuaria merced a la exportación del banano y las consecuentes importaciones determinadas por el auge económico y la capacidad de compra. Esta circunstancia fue también aprovechada por el inquieto joven para visitar con persistencia los barcos con el objeto de profundizar la práctica del inglés charlando con la tripulación para avanzar así, más allá, de los programas académicos. Finalmente fue maestro de inglés en el Liceo.

Al morir su padre, el deber filial y fraternal lo obligan a trasladarse a Valledupar en 1938. Se aleja así la posibilidad de satisfacer su vocación profesional de estudiar derecho. Fue ése, deseo nunca cancelado, pues cuando falleció en 1971 en Bogotá se disponía a gestionar su ingreso a la facultad de derecho de la Universidad Nacional, a la edad de 59 años.

Para su disposición intelectual era básico adquirir una disciplina profesional. La carencia de recursos económicos y el prematuro fallecimiento de su padre coincidieron para enervar su aspiración, ocasionando una de las dos significativas frustraciones en el acontecer de su vida.

Al establecerse en Valledupar, teniendo 28 años de edad se enamora de la señorita Beatriz Lilia Mestre Castro, hija de Vicente Sebastián Mestre Villazón y María Concepción Castro Baute. Contraen matrimonio en la tradicional iglesia de La Concepción el 31 de enero de 1940.

Fueron sus hijos: Celina María, José Alfonso, Adela Beatriz, María Francisca, Laura María y María Beatriz.

José Alfonso contrajo matrimonio con la doctora Paulina Teresa Daza Daza y María Beatriz con don Mario Calderón Zambrano.

Son hijos de José Alfonso: Federico, Katherine, Sergio y Javier Martínez Daza; Elías y Esteban Martínez Larrazábal y Camila Martínez Guevara. María Beatriz dio a luz a José Mario, Beatriz María y Adela María Calderón Martínez. Finalmente don José Eugenio, hoy trasciende en siete bisnietos: Sebastián y Alejandro Guzmán Martínez; Gabriela y Antonela Martínez Flórez; Isabel Martínez Arrieta; Nicolás Calderón-Studzinski y Pedro Rodolfo Olivares Calderón. 

Inicialmente el matrimonio Martínez-Mestre estableció su residencia en el barrio Cañaguate, sobre la calle San Francisco en la cuadra comprendida entre la calle del Convento Viejo y el Callejón de la Purrututú. Vecindario integrado por José María Arregocés y Tatí (Beatriz) Lora; José María Luque y Carmen Celia Soto; Sebastián Martínez y María Torres; Juvenal Palmera y Elvira Celedón; Leonardo Maya Brugés y Francisca Martínez; Sergio Pitre y Carmen Corzo. El inmueble se distingue con el #13C-37 de la carrera 6.

Posterior y definitivamente se domiciliaron en la calle Santo Domingo en casa distinguida hoy con el #6-36 de la calle 15. Don Vicente Sebastián Mestre padre de Beatriz les obsequió la residencia conocida en aquella época como la casa de El Tamarindo porque en su patio estaba plantado un árbol de esa variedad.

A finales de la década de los años 30 comienzan las provincias de Valledupar y de Padilla a superar su inveterado aislamiento. Se inicia la conexión con el resto del país y el mundo y empieza una época de progreso socio-económico y de superación política y cultural.

Fueron los años de la Revolución en Marcha (1934-1938) del primer gobierno de Alfonso López Pumarejo y de sus intentos de continuidad a partir de 1942.

En uno de sus escritos del año 1966 don José Eugenio Martínez recuerda la vez primera que López Pumarejo llegó, siendo presidente, a la provincia de Valledupar y rememora la sentencia del mandatario: “Por aquí no ha pasado todavía, después de la Conquista y la Colonia, la República”.

El ilustre mandatario es consciente que para reivindicar la tierra de sus ancestros maternales son precisas dos acciones: acercarla, hacerla partícipe del gobierno y superar su incomunicación de siempre.

En consecuencia designa al doctor Ciro Pupo Martínez como gobernador del Magdalena y ante su renuncia destina al mismo cargo a Pedro Castro Monsalvo, a quien en su segundo período presidencial (1942) designa ministro de correos y telégrafos. Castro Monsalvo es nombrado gobernador por segunda vez en 1944 por el presidente (e) Darío Echandía y en 1948 ministro de agricultura por el presidente Mariano Ospina Pérez. Así los valduparenses comienzan a escalar altas dignidades en las ramas del poder público.

El general y presidente Pedro Nel Ospina (1922-1926) y su ministro de obras públicas Laureano Gómez, emprendieron la construcción de la carretera Riohacha-Valledupar, la que al terminar el cuatrienio llegó hasta Fonseca. Durante los gobiernos de Miguel Abadía Méndez (1926-1930) y Enrique Olaya Herrera (1930-1934) el proyecto fue olvidado.

La Revolución en Marcha (1934-1938) de López Pumarejo reinicia la construcción de la carretera, trayéndola hasta Valledupar y continuándola en un nuevo tramo hacia el río Diluvio y Fundación. Construyó, igualmente, el trecho La Paz-Chiriguaná.

Con los años, estas vías se complementaron con la transversal Bosconia-Bucaramanga y el tren Bogotá-Santa Marta.

En 1938, la Empresa Colombiana de Aeropuertos –ECA- construye el aeropuerto de Valledupar que permitiría en el inmediato futuro los servicios de la aviación comercial (Líneas Aéreas Nacionales LANSA) con la ruta inicial Valledupar-Uribia-Riohacha-Barranquilla y luego Valledupar-Fundación-Barranquilla.

Los gobiernos del presidente López Pumarejo, básicamente el primero, se ocuparon, también, de la inversión social: mejoramiento de los servicios de las comunicaciones radio-telegráficas, hospital, Escuela de Artes y Oficios, Colegio Loperena, Granja Agropecuaria.
Para las provincias de Valledupar y de Padilla las gestiones de la Revolución en Marcha fueron un punto de quiebre en la realidad social, económica, política y cultural. Marcaron el sentido de un progresivo ascenso comunitario en el que se encontrarían, consecuente-mente y con los años, la industria algodonera y la creación del Departamento del Cesar.

Así, cuando José Eugenio vuelve a su provincia, se perfilaban los rasgos de una sociedad diferente. En ella inicia su actividad laboral y política, gestando una personalidad que lo sitúa como referente, con sus virtudes y sus defectos, en la historia local y regional.

“Mi vida la dediqué por entero al servicio público”; eso afirmó de sí y así categorizó su existencia. Su vida laboral estuvo, básicamente consagrada al desempeño en la administración pública.

A partir de su graduación como bachiller en 1932 y hasta su prematuro fallecimiento en 1971, ejerce como: profesor en el Liceo Celedón en Santa Marta y en varios establecimientos educativos en Valledupar; tesorero y personero de Valledupar; oficial mayor del Juzgado del Circuito de Valledupar; colector estanquero central de Valledupar; diputado a la Asamblea Departamental del Magdalena; administrador de aduanas en Riohacha; administrador de la Fábrica de Licores en Santa Marta; síndico, en dos ocasiones, del hospital Rosario Pumarejo de López; alcalde de Valledupar; concejal; notario público; miembro de la junta directiva del hospital Rosario Pumarejo de López; inspector de educación de la zona de Valledupar; sustanciador II oficina jurídica del Departamento del Cesar.

Fue miembro del Centro de Historia del Cesar y socio fundador del Club de Leones y del Club de Valledupar.

Ejerció la secretaría de los distintos comités que se organizaron y de las asambleas que se efectuaron en pro de la creación y posterior organización del departamento.

El servicio público fue en don José una vocación vital, una inclinación determinante de su quehacer diario y de sus ideales ciudadanos. Sobre lo primero es proverbial el esmero que ponía en satisfacer las pequeñas y las no pequeñas necesidades e inquietudes de la gente del común que permanentemente acudían a él en demanda de apoyo y soluciones. La sensibilidad social fue sentimiento prevalente en él. Sobre lo segundo, es opinión que llega del pasado y nace de la valoración objetiva de su proceder ético comprometido siempre con el bien común.

Invariablemente, al finalizar sus funciones en un cargo, se esmeraba para que la autoridad competente le expidiese el correspondiente finiquito y certificase sobre su desempeño acorde con la ley y el buen uso. Estos documentos obran en su archivo personal.

No le llamó la atención la actividad agropecuaria a pesar de que su esposa poseyó modestos bienes rurales, los cuales él supo preservar y administrar con responsabilidad. En la burocracia eficiente vió la posibilidad de concretar sus aspiraciones cívicas.

Su generación fue pionera de la actividad algodonera que se impuso regionalmente a partir de los años 50. La presencia del algodonero fue otro hecho histórico que determinó una inflexión positiva en el acontecer social, el desarrollo económico y el ascenso político-administrativo de la región a la que Aníbal Martínez Zuleta ha singularizado como el “País Vallenato”.

Muchos de sus contemporáneos, la generalidad, se dedicaron al cultivo del algodón, llegando a consolidar una posición económica significativa. Don José Eugenio fue una de las excepciones por las razones vocacionales anotadas y también porque temió a los compromisos y riesgos financieros pertinentes.

Desde los inicios de su vida pública la actividad política fue significativa. Adscrito al Partido Conservador actuó con vehemencia y decisión, siempre con lealtad a su partido, con elegancia en la expresión y decencia en el actuar, sin fanatismo excluyente ni pasión sectaria. 

José Eugenio nace bajo el gobierno de Carlos E. Restrepo (1910-1914), republicano de ascendencia conservadora. Su niñez y adolescencia transcurren durante la república conservadora de los gobiernos sucesivos de José Vicente Concha (1914-1918); Marco Fidel Suárez (1918-1921); Jorge Holguín (1921-1922); Pedro Nel Ospina (1922-1926) y Miguel Abadía Méndez (1926-1930).

En 1930 se inicia la república liberal con el gobierno de Enrique Olaya Herrera (1930-1934) y abarca las administraciones de Alfonso López Pumarejo (1934-1938) y Eduardo Santos (1938-1942). Este es el período de su juventud.

Su edad adulta se sucede bajo el segundo gobierno de López Pumarejo (1942-1945); el primero de Alberto Lleras Camargo (1945-1946); Mariano Ospina Pérez (1946-1950); Laureano Gómez (1950-1953); Gustavo Rojas Pinilla (1953-1957); Junta Militar (1957-1958) y finalmente, el régimen del Frente Nacional (1958-1974) con las administraciones de Alberto Lleras Camargo, Guillermo León Valencia, Carlos Lleras Restrepo y Misael Pastrana Borrero al inicio de cuyo gobierno fallece a la edad de 59 años.

Su vida fue, entonces, testigo del período histórico del siglo XX en el que se comenzó a modelar la personalidad política y la jurídica modernas de la nación y el estado colombianos. De la hegemonía conservadora a la hegemonía liberal, de la terrible violencia partidista al sistema del Frente Nacional y a la gestación de los perfiles democráticos que conducirían en el transcurso de los años, a la paulatina definición de nuestra actual organización jurídica como estado social de derecho, descentralizado, participativo y pluralista, deficiente en la práctica y en la realidad por la extenuante acción de la corrupción, la venal y la ideológica, sobre las instituciones y, en consecuencia, en desmedro del bien común.

Cuando a finales de los años 30 José Eugenio se involucra en la actividad política, el Partido Conservador en Valledupar era dirigido por Antonio Ustariz, Florentino González, Sebastián Daza, Sebastián Martínez, Teresa Pacheco, Luis Sierra, Carlos Murgas Puche, Néstor Mindiola, Roberto Pavajeau Monsalvo, José Calixto Mejía, Concha Ustariz y Camilo Apolo Baute.

Entre otros, el liberalismo era conducido por Eloy Quintero Baute, Santander Araújo Maestre, Casimiro R. Maestre, Noé Martínez, Pedro Castro Monsalvo, Ciro Pupo Martínez, Amador Ovalle, Aquilino Castro Pertuz, Juvenal Palmera, Pedro Castro Trespalacios, José María Castro Monsalvo, Miguel María Villazón Quintero, Francisco Villazón Quintero, Buenaventura de Armas, Guillermo Castro Trespalacios y José Antonio Maya Pumarejo.

Las estadísticas electorales correspondientes a esos años son deficientes. De todas maneras muestran la precariedad electoral del conservatismo en el municipio y la significativa mayoría liberal. Por ejemplo, de 1935 a 1947 se celebraron 7 elecciones municipales y en ellas el liberalismo obtuvo 4.077 votos y el conservatismo 783. Del total de votos, 4.860, el Partido Conservador obtuvo apenas el 16%. Con los años la mayoría hegemónica del liberalismo devendría en indefectible y variable, pero no hegemónica. 

Monseñor Germán Guzmán (sacerdote católico), Orlando Fals Borda (obispo protestante) y Eduardo Umaña Luna (agnóstico) escribieron, en dos tomos, “La Violencia en Colombia”. En el primer párrafo de la obra afirman: “Colombia ha venido sufriendo el impacto de una dura prueba desde 1930, agudizada desde 1948, a la que, por sus características siniestras, se ha denominado <<la violencia>>”. Más adelante en capítulo correspondiente a la “Geografía de la Violencia” inician su análisis aseverando: “…parece evidente que, debido a la campaña política, las consignas dadas por los jefes en Bogotá cubrían todo el país y por lo mismo el afloramiento de intimidaciones y violencia comenzaría casi simultáneamente en todas las regiones. Sin embargo, no ocurrió así, quedando algunos departamentos como los de Nariño y la Costa Atlántica libres del flagelo; en ésta sólo en una pequeña región de Bolívar y el Sur de Córdoba se registraron hechos violentos”.

Así fue, ciertamente, en la región de Valledupar en donde la convivencia, la familiaridad y la amistad primaron sobre la pasión partidista. Hubo paz política y solo, ocasionalmente, incontinencias verbales agresivas de carácter general y no personal.

Nuestro personaje comenzó a actuar partidariamente en ese ambiente apacible pero de insignificancia electoral tanto conservadora como liberal. Lo último se fue superando con el crecimiento demográfico determinado por las comunicaciones y la actividad algodonera. El Partido Conservador aumenta su votación, el Liberal consolida sus mayorías y se hacen presentes corrientes políticas distintas a las oficiales de los dos partidos tradicionales.

En esos años se afianza el liderazgo nacional de Laureano Gómez y la juventud conservadora regional se inclina por la figura de Antonio Escobar Camargo, que confrontó exitosamente a los jefes tradicionales del conservatismo magdalenense: Nicolás Dávila, Joaquín Campo Serrano y Anacreonte González. José Eugenio fue seguidor entusiasta de Escobar Camargo y consecuentemente de Laureano Gómez. Comienza su contacto con la opinión pública a través de habituales escritos y asistiendo a las reuniones municipales de copartidarios y a las juntas y convenciones departamentales en las que fortalece sus relaciones con la dirigencia departamental.

Es así como en las elecciones regionales de 1945, es electo diputado a la Asamblea Departamental del Magdalena. El Partido Conservador obtuvo, en el departamento, 9.739 votos y el Partido Liberal 24.912. Otras listas alcanzan 1.081 sufragios para un gran total departamental de 35.732 votos. El conservatismo representó el 27% del total.

En la asamblea departamental fue colega de Cerveleón Padilla Lascarro y Carmelo Mendoza Picón, conservadores que luego tendrían en el Cesar significación política. También lo fue del ingeniero civil Arturo Paba F., chiriguanero de filiación liberal que hizo el trazado de la carretera Bosconia-Chiriguaná, hoy conocida como Variante de las Pabas.

Para esa época Pedro Castro Monsalvo era gobernador del Magdalena por segunda vez.

Anheló ser alcalde municipal. Lo impulsaba su acendrada vocación de servidor público. Su aspiración se satisfizo el 19 de mayo de 1953 al ser nombrado por el gobernador Abraham H. Mora, siendo presidente (e) Roberto Urdaneta Arbeláez. Tomó posesión el 3 de junio reemplazando a don Enrique Vargas Fonseca.

En esa época Valledupar contaba con aproximadamente 20.000 habitantes predominantemente rurales (65%).

Sus colaboradores inmediatos fueron: Anáis Gutiérrez Labarcés, Enrique Riveira Daza, Camilo Apolo Baute Pavajeau, Rita Mindiola, Marina Urbina Vergara, María Teresa Luquez, Hilda Gutiérrez, José María López y Gabriel Arregocés.

Como alcalde evidenció su intenso espíritu cívico y su vocación pedagógica. Lo hizo con su ejemplo al fomentar y participar invariablemente en los actos comunitarios de significación (religiosos, culturales, etc.) y en los conmemorativos de sucesos históricos en los cuales solía exponer sus apreciaciones sobre el hecho o el tema convocadores. 

En el breve lapso de su administración logró avanzar en los trabajos conducentes a la terminación del alcantarillado y de la construcción del Cementerio Nuevo; se inició el trámite de un empréstito para la construcción de un nuevo matadero; el municipio cedió al Instituto de Crédito Territorial un lote de terreno para la construcción de viviendas con destino a empleados y obreros; se adquirió, por primera vez, un vehículo para la recolección de basuras; se adelantó la carretera Patillal-Atanquez. Con el Club Rotario de Barranquilla se comenzaron las gestiones para construir un hotel de turismo en la ciudad.

Al frente de la alcaldía permaneció seis meses contados desde su posesión (junio/53) hasta el encargo de su sucesor (noviembre/53). El 13 de junio de 1953, a los diez días de haberse juramentado se produce el golpe de estado que lleva al poder al general Rojas Pinilla.

El nuevo gobierno designa como gobernador del Magdalena al teniente coronel Pedro A. Monroy Castro, a quien distintos estamentos sociales, mujeres y varones de ambos partidos se dirigen solicitando la ratificación del alcalde. Así consta en comunicaciones de agosto, septiembre y octubre de 1953.

En reemplazo de don José Eugenio es designado el capitán Miguel Motta Motta. El golpe de estado del 13 de junio significó el tránsito del régimen civil al régimen militar. Razones políticas de índole nacional fueron las determinantes del cambio en la alcaldía.

Siempre quiso ser alcalde. Durante la espera concibió ideas y propósitos para aplicarlos y desarrollarlos, con su peculiar estilo, al darse la oportunidad; no le fue posible por lo efímero del tiempo. Fue esta la segunda de las dos frustraciones significativas en su acontecer. 

Al dejar la alcaldía desempeña algunos cargos públicos. Sobresalen en los años 50 y en los 60 sus actividades cívicas y culturales, participa en las gestiones tendientes a la creación del departamento y se involucra en la campaña presidencial, para el período 1970-1974, adhiriendo a la candidatura de Evaristo Sourdis Juliao.

En Colombia el primer Club de Leones se organizó en Barranquilla en 1936. En 1954 se funda en Valledupar el Club de Leones Monarca. Su primer presidente fue Clemente Quintero Araújo y el primer secretario Manuel Pineda Bastidas.

El lema: “Nosotros servimos” sedujo al ex alcalde, quien al dejar el cargo participó activa y permanentemente en los programas y campañas del club.

Entre los compañeros sus más cercanos en las actividades leonísticas fueron: Víctor Cohen Salazar, César Mendoza Hinojoza, Ulises Sánchez Barlis, Ernesto Palencia Carat, Iván Jiménez, Régulo García, Esteban Cuello Gutiérrez, Orlando Velázquez García y Jorge Juan Bendeck Olivella.

Creyó fervorosamente en la religión católica y fue asiduo participante en los oficios religiosos; testigo de la creación del vicariato en 1952 y, en 1969, de la diócesis de Valledupar. Amigo del clero, tuvo especial amistad con monseñor Manuel Antonio Dávila, el obispo Roig y Villalba, fr. Vicente de Valencia, y los sacerdotes: José de Sueca, Francisco de Mendizábal y Armando Becerra Morón. 

Participaba en las efemérides de la Iglesia, en las celebraciones litúrgicas y en los sucesos de las actividades eclesiales. Quedan como testimonios sus discursos y los numerosos escritos referentes a temas religiosos.

Su fervor y su catolicismo practicantes fueron rasgos sobresalientes de su personalidad. Lo identificaban, lo distinguían.

El 15 de diciembre de 1967 en comunicación suscrita por la señorita Rita Fernández V., secretaria del Centro de Historia del Cesar, se le comunica que fue postulado para miembro de esa academia debiendo, para formalizar su ingreso, presentar un trabajo sobre un “tema histórico o antropológico o biográfico o sociológico”.

Así lo hace, elaborando un estudio que titula “Genealogías Valduparenses” en el que expone sobre influencias que familias nativas tuvieron en la historia nacional.

Los temas históricos fueron preferidos de su inquietud intelectual. Cuando su ingreso al Centro de Historia se dá, el recorrido de esta afición se había plasmado ya en numerosos artículos, discursos y conferencias. Captaba la trascendencia histórica de los hechos. A manera de ejemplo vale relatar su actitud ingeniosa frente al primer viaje del hombre a la luna.

El 2 de julio de 1969 les escribe a los astronautas Amstrong, Collins y Aldrin, enviándoles cuatro estampas con la imagen del Ecce-Homo. Una para cada uno de ellos para que obren a manera de “talismán” en su misión. La cuarta, para que la dejen en la luna con los demás objetos que depositarán allí en memoria de su visita de ellos.

Con fecha 5 de noviembre, cumplida exitosamente la misión lunar, los astronautas le acusan recibo de la comunicación, agradeciéndole los “talismanes” e informándole que su deseo fue cumplido.

La secuencia: comunicaciones, desarrollo agrícola y creación del departamento culmina el 21 de diciembre de 1967 al inaugurarse la nueva entidad territorial.

Llega el momento en que la conciencia ciudadana vislumbra como destino lógico una condición política y administrativa de autonomía. Pero el propósito de crear el departamento surgido en la década de los años 60 carece de originalidad histórica. Valledupar en el siglo XIX fue capital del departamento del Valle de Upar, varias veces cabecera de cantón, capital de la provincia del Valle de Upar, capital del departamento del Guatapurí y por un corto lapso, capital del estado soberano del Magdalena.

Cuando en 1942, en actividades proselitistas de su segunda campaña presidencial Alfonso López Pumarejo visita Valledupar, recuerda que en 1864 existió el departamento del Cesar y lanza la idea de revivirlo para ser consecuente con el sentido geográfico y social del país.

En agosto de 1952, el presidente (e) Roberto Urdaneta Arbeláez, visita la ciudad. El alcalde municipal don José María Herrera por decreto #74 de 19 de Agosto designa a José Eugenio Martínez como orador oficial en el homenaje al presidente de la república. En esta ocasión don José Eugenio se expresó, así:

“Dentro de cuatro lustros se aspira a que Valledupar sea la capital del futuro departamento del Cesar, desde donde se conducirá la cultura del departamento. Será un hecho histórico impostergable”.

No fueron 20 años de espera, fueron 15.

En 1962, el Doctor Alfonso Araújo Cotes, representante por el Magdalena, radicó un proyecto de ley para establecer el departamento del Cesar, comprendiendo los municipios de las provincias de Padilla y Valledupar hasta Tamalameque. La iniciativa no prosperó, el proyecto con todos los documentos “desapareció” curiosamente cuando se inició el trámite para la creación del departamento de La Guajira por iniciativa del senador José Ignacio Vives.

A partir de 1964 se reactiva la campaña pro-departamento. El 5 de septiembre de 1966, a instancias de don Manuel Pineda Bastidas, fundador y propietario de Radio Guatapurí, se llevó a cabo en el teatro de la emisora, una asamblea ciudadana para unificar criterios y darle formalidad e impulso al propósito departamental.

Se constituyó un comité de trabajo cuya mesa directiva quedó integrada por Crispín Villazón de Armas, presidente; Jorge Dangond Daza, vicepresidente; Aníbal Martínez Zuleta, Josefina Castro de Castro y Manuel Pineda, vocales; Manuel Germán Cuello Gutiérrez, tesorero general; José Eugenio Martínez Villazón, secretario general.

A partir de entonces, todo el activismo adelantado en una primera etapa, culmina en la radicación del proyecto de ley y exposición de motivos por parte del representante José Antonio Murgas quien, eficazmente, en los debates, sustentó los argumentos y refutó las pocas objeciones. Felizmente el proyecto se convirtió en la ley 25 del 21 de junio de 1967, sancionada por el presidente Carlos Lleras Restrepo y los ministros Misael Pastrana Borrero de gobierno, Darío Echandía de justicia y Abdón Espinoza Valderrama de hacienda. El departamento se inauguró el 21 de diciembre del mismo año integrado por 13 municipios: Aguachica, Codazzi, Curumaní, Chimichagua, Chiriguaná, Gamarra, González, La Gloria, Pailitas, Río de Oro, Robles, Tamalameque y Valledupar. En el acto inaugural, en la plaza Alfonso López Pumarejo, tomó posesión del cargo el primer gobernador.

El 14 de noviembre de 1966 José Eugenio había escrito al doctor Alfonso López Michelsen una extensa comunicación sobre tópicos referentes al departamento en gestación. En ella se contiene el siguiente premonitorio pasaje:

“¿Cómo sería para nosotros, que fuese usted el primer gobernador de esta tierra. Que honor para nosotros tan bien estimado y merecido? Así se complementaría la parábola sociológica de los ancestros, que pudiesen devolver a la tierra, lo que ella les dió”. 

La participación de don José fue intensa. Redactó el testimonio de las distintas asambleas celebradas y de las reuniones de los comités y visitó todo el territorio del futuro departamento.

Su colaboración más valiosa fue periodística y cultural. Escribió numerosos despachos para periódicos y emisoras locales, regionales y nacionales; muchas cartas y mensajes a parlamentarios y dirigentes promocionando el departamento; artículos exponiendo las razones históricas, políticas, sociales y económicas que justificaban la pretensión regional. Los años 1966 y 1967 fueron los más fructíferos de su producción. Vivió intensamente, con pasión, la acción hacia el hecho triunfante de la creación del Cesar.

Con la fundación del departamento se afianza para los cesarenses la posibilidad de acceder a la gobernación y a cargos rectores regionales de entidades nacionales y departamentales, a posiciones directivas en las ramas del poder público, a cargos en el servicio exterior y a la dirección nacional de organismos autónomos y de control. 

El sacerdote jesuita Alfonso Llano en alguno de sus escritos advierte que “citar es siempre correr el riesgo de omitir”. El presidente Misael Pastrana Borrero sobre lo mismo observa que “al mencionar nombres “los diablillos” que hacen travesuras en la mente humana bien pueden hacer olvidar alguno, y muchas veces a los que más se quisiera tener presentes”

El riesgo es ineludible y hay que asumirlo.

Al establecerse el departamento, fue en la actividad política en la que se dieron las consecuencias más inmediatas. La más importante fue el ascenso, a la jefatura departamental de los partidos tradicionales, de algunos dirigentes que venían actuando como jefes locales.

Esa generación, la “generación del departamento”, desde la perspectiva política y con desigual ascendencia y jerarquía estuvo integrada, entre otros por: José Eugenio Martínez; Manuel Germán Cuello G.; José Guillermo Castro; José A. Murgas; Crispín Villazón de Armas; José Manuel Daza; Aníbal Martínez Zuleta; Jorge Dangond Daza; Luis Rodríguez Valera; Olga Riaño de Valle; Alfonso Araújo Cotes; Clemente, Eloy Enrique y Efraín Quintero Araújo; María Uhía de Meza; Nelson Paba García; Joaquín Campo Maya; Jaime y Álvaro Araújo Noguera; Alfonso Ávila Quintero; Cerveleón Padilla; Adalberto Ovalle Muñoz; Armando Maestre Pavajeau; Carlos Humberto García; Trini Riveira de Monsalvo; José Calixto Mejía Monsalvo; Miguel Enrique Villazón; Jaime Gnecco Hernández; Ernesto Palencia Carat; Mario Murgas Araújo; Edgardo Pupo Pupo; Juan Daniel Calderón; Alfonso Murgas Muñoz; Manuel Pineda Bastidas; Arístides y Darío Hernández; José Vicente Lafourie; Raúl López Araújo; Camilo Namén Fraija; Teobaldo Guerra; Eustorgio López; José Antonio y Leovigildo Rodríguez; Luis Enrique y Jesús Alejo Durán Arias; Víctor Hinojosa Daza; Manuel Saade Acosta; Ángel Enrique Cabas; Gil Agüancha y José A. Cuello Sierra.

Volviendo a 1952, luego de las actividades políticas iniciales de don José Eugenio y bajo la jefatura nacional de Laureano Gómez y la regional de Antonio Escobar Camargo, estando encargado de la presidencia Roberto Urdaneta Arbeláez, surgen inquietudes reeleccionistas en el Partido Conservador en favor de una nueva candidatura presidencial de Mariano Ospina Pérez. Un sector conservador, el más cercano al presidente Gómez Castro, se resistió a esos propósitos y así tomó cuerpo la histórica división conservadora entre laureanistas y ospinistas tanto a nivel nacional como regional y local.

Hugo Escobar Sierra asume la conducción departamental del laureanismo. Alfonso Campo Murcia y Miguel Ávila Quintero la del sector ospinista, en el cual se ubica José Eugenio Martínez.

El 5 de agosto de 1950, dos días antes de entregar la presidencia Ospina y de asumirla Laureano Gómez, dirige al primero un telegrama en el que exalta sus realizaciones como mandatario y le expresa: “Consecuencialmente reconocemos de hoy en adelante su nombre como Jefe Único del Partido Conservador de Colombia”.

La división conduce a que Ospina apoye el golpe de estado contra Laureano con la aquiescencia del liberalismo.

Luego de servir en la alcaldía reaparece don José, con denuedo, en la actividad pública cuando se involucra en la cruzada en favor del departamento y en la campaña presidencial de 1970.

En 1968 se efectúan las primeras elecciones en la nueva jurisdicción departamental del Cesar. Para un período de dos años se eligen representantes a la cámara, diputados y concejales en las llamadas “elecciones de mitaca”. 

Los primeros representantes electos por el Partido Liberal fueron José Antonio Murgas y Aníbal Martínez Zuleta, con las suplencias de Jaime Araújo Noguera y Jesús Alejo Durán Arias, respectivamente.

Por el Partido Conservador se inscribió y triunfó electoralmente una alianza anapo-laureanista. Fueron electos Jorge Dangond Daza y Cerveleón Padilla Lascarro con las suplencias de Enrique Montañés y doña Olga Riaño de Valle.

Estas primeras elecciones fueron presididas por Alfonso López Michelsen como gobernador y Manuel Germán Cuello como alcalde mayor de Valledupar.

Tomando como referencia la campaña política, el Partido Conservador cesarense, se fracciona así: laureanismo dirigido por José Manuel Daza Daza; anapismo liderado por Jorge Dangond Daza y Enrique Montañés y ospinismo conducido por Manuel Germán Cuello. 

Don José Eugenio, como ya se anotó, desde 1950 militaba en la tendencia ospinista del conservatismo.

Luis Rodríguez Valera, para la época que nos ocupa, se había desempeñado como secretario de educación del Magdalena en representación del conservatismo valduparense. Adscrito al ospinismo, después de la creación del departamento, comienza a proyectarse como dirigente regional. Lo hace exitosamente. Organiza el conservatismo federado del Cesar acompañado, entre otros, por José Eugenio Martínez, Alfonso Ávila Quintero, José Vicente Lafourie, Nelson Paba García, Alfredo Martínez Mejía, Tomás Rodolfo Mejía Castro y doña Trini Riveira de Monsalvo.

Entre José Eugenio y Luis Rodríguez existió una gran empatía personal y política. Él admiró en el joven dirigente su promisoria juventud y las condiciones positivas en que se fundó su superación profesional y política.

En estas circunstancias participó activamente en la campaña electoral que culminó el 19 de abril de 1970 con la elección de presidente de la república y miembros de las corporaciones públicas.

Fueron las segundas elecciones que se realizaron en la circunscripción del Cesar. En ellas, fueron electos para el senado Luis Rodríguez Valera (sourdista); Crispín Villazón de Armas (liberal pastranista); Raúl López (liberal sourdista); Manuel Bayona Carrascal (anapista). Los suplentes fueron: José Vicente Lafourie; Álvaro Araújo Noguera; Gil Agüancha y Julio César Torrentes.

Para la cámara, los resultados electorales favorecieron a Aníbal Martínez Zuleta (liberal pastranista) con la suplencia de Rómulo Vargas Ortiz; José Guillermo Castro (liberal sourdista) acompañado por Tobías Murgas Cotes; Leonel Aroca Martínez (anapista) con José Domingo Uhía como suplente y Ernesto Palencia Carat (sourdista) con Nelson Paba García.

El conservatismo pastranista representado para el senado por Jorge Dangond Daza y por Manuel Germán Cuello para la cámara no obtuvo curul.

Cuatro fueron los candidatos a la presidencia de la república. En el departamento a Misael Pastrana lo apoyó el conservatismo ospinista y un grupo liberal encabezado por Crispín Villazón de Armas, Aníbal Martínez y José A. Murgas. Obtuvo 14.966 votos. Gustavo Rojas Pinilla con el respaldo del anapismo recibió 32.124 sufragios. Belisario Betancur Cuartas con el favor de sectores de opinión independientes, liberales y conservadores, sacó 619 votos. Evaristo Sourdis Juliao fue respaldado por el laureanismo, el conservatismo federado y un amplio sector liberal liderado por José Guillermo Castro, alcanzó 23.561 sufragios.

José Eugenio fue el secretario permanente del directorio departamental del conservatismo federado. Redactó la declaración por la cual, los federados, adhirieron a la candidatura de Sourdis el 17 de diciembre de 1969.

El intenso arrastre del populismo rojista, de raíces mayoritariamente conservadoras, afectó, especialmente en la costa, la candidatura de Sourdis. No obstante el fervor suscitado los resultados favorecieron regionalmente al general Rojas Pinilla.

Finalmente Misael Pastrana Borrero es declarado presidente electo por la Corte Electoral según consta en el acta #90 del 15 de julio de 1970. Al tomar posesión designa como ministro del trabajo a Crispín Villazón de Armas y a José A. Murgas como gobernador. En junio de 1971 el presidente nombra como gobernador a don Manuel Germán Cuello Gutiérrez.

Al retirarse Crispín Villazón del ministerio, Pastrana destina como sucesor a José A. Murgas.

Al culminar la campaña, con la satisfacción del triunfo electoral alcanzado por su dilecto amigo el doctor Rodríguez Valera, don José Eugenio vuelve, principalmente, a su pasión tradicional y remota por escribir.

En octubre de 1971 en compañía de su señora viaja a Bogotá por quebrantos de salud. El 10 de noviembre se interna en la clínica de la Caja Nacional de Previsión. El día antes visitó devotamente la iglesia de la Porciúncula para encomendarse al Dios de su fé. Es intervenido quirúrgicamente y complicaciones cardiovasculares ocasionan su fallecimiento el 12 de noviembre de 1971 a los 59 años de edad.

Su cuerpo es trasladado a Valledupar y recibe, previo oficios religiosos en la iglesia de La Concepción, sepultura en el Cementerio Central.

Para captar, en su acepción filosófica, su peculiar personalidad, es ineludible partir de la lectura y análisis de sus muchos y variados escritos. Artículos, discursos y conferencias de una copiosa variedad temática: desde el elogio a la simpatía y alegría de una reina de carnaval hasta los de contenido pedagógico sobre los lineamientos éticos y culturales de la enseñanza y educación de la juventud. Desde la perspectiva de sus escritos y de la de cómo fueron sus usuales y cotidianas actitudes surge la percepción y comprensión de su temperamento. Fue soñador en el sentido que se recreaba con la posibilidad de la realización de sus mejores aspiraciones para la comunidad y también para sí. Con algunos gestos de arrogancia propios de su autoestima y de su condición siempre enhiesta. Admiraba la intelectualidad y lo seducía la inteligencia y de manera muy especial la superación del humilde. Socialmente sensible. Nervioso e hiperactivo. En relación con sus creencias y convicciones fue intenso y vehemente, a veces, hasta la terquedad y la imprudencia pero, si su actitud comprometía la consideración debida a los otros de inmediato corregía y presentaba con valor las excusas oportunas. Ocasionalmente irascible. Su mirada firme denotaba sinceridad y nobleza. Probo en el proceder.

Como se dice en el lenguaje coloquial: “vivía al día”. Oportunamente informado de los acontecimientos nacionales y mundiales. Escuchaba la Voz de los Estados Unidos de América, la B.B.C. de Londres, la Radio Difusora Nacional de Colombia, emisoras locales y nacionales y leía, en la medida en que llegaba a Valledupar, la prensa escrita especialmente El Siglo. Entonces comentaba oportunamente, en sus escritos, los sucesos del país y los del exterior.

Admiró a los Estados Unidos. Lo seducía la civilización que en ese país se gestaba al ritmo de la moderna tecnología y de los avances, descubrimientos y aplicaciones de la ciencia. Se sabía ciudadano de un mundo ideológicamente polarizado y se identificaba, naturalmente, con el acervo cultural y las ideas políticas de la civilización occidental y cristiana.

La historia, la literatura, la pedagogía, la religión y la política, fueron temas de sus inquietudes intelectuales que comentó en extenso.

Don José Eugenio tuvo una amante, la única; lo seducía y lo dominaba. A ella dedicó horas y horas diurnas y nocturnas para satisfacer sus incontenibles deseos de teclear. Ella es, porque aún existe, su vieja máquina de escribir Remington. 

Los organizadores de los actos por los cuales estamos conmemorando el centenario del nacimiento de don José Eugenio quedan en deuda que, solo se cancelará, cuando se haga la edición de sus escritos.

Al fallecer se le había distinguido con la medalla al mérito María Concepción Loperena de Fernández de Castro, otorgada por la alcaldía mediante decreto #31 del 2 de diciembre de 1967. La condecoración le fue impuesta en acto solemne el 20 de diciembre de ese año. El día antes de la inauguración del departamento.

En notas necrológicas entidades públicas y privadas lamentaron el fallecimiento de don José Eugenio y exaltaron su figura, entre ellas: la Gobernación Departamental; el Concejo Municipal de Valledupar; la Alcaldía Mayor; la Cámara de Representantes, el Club Valledupar; los Clubes de Leones de Valledupar, La Paz, Villanueva, el Distrito F-3 de Leones; los periódicos: La Época, El Heraldo, Antena del Cesar, Vanguardia Liberal; El Espectador, El Colombiano y la Radio Guatapurí.

Siendo gobernador del Cesar don Manuel Germán Cuello, por decreto #331 del 4 de septiembre de 1972, se crea el colegio de bachillerato Técnico Comercial José Eugenio Martínez. Ha sido este el más apropiado homenaje en memoria de quien en sus palabras y por sus actos fue, siempre, explícita o implícitamente, pedagogo y educador.

Imágenes de Jose Eúgenio Martinez en familia.

 José Eugenio Martinez Villazón con su esposa Beatriz Lilia Mestre Castro.

José Eugenio Martinez Villazón con su esposa Beatriz Lilia Mestre Castro e hijos

BIBLIOGRAFÍA

Versiones orales: de Rafael Arturo Montero Castro; Luis Alberto Martínez Villazón; Carlos Quintero Romero; Carlos Céspedes Martínez; Celina y José Alfonso Martínez Mestre; Marina Urbina de Pavajeau.

Archivo personal de José Eugenio Martínez Villazón.

Mis Recuerdos: Conversaciones de Manuel Germán Cuello Gutiérrez con Jaime Calderón Brugés.

Valledupar, Música de una historia-Tomás Darío Gutiérrez Hinojosa.

Crónicas del Valle de Upar-Pepe Castro.

Evocaciones Históricas-Ernesto Palencia Carat.

El Caso del Barrio El Carmen-Nelson Ramírez.

Historia Electoral Colombiana-Registraduría Nacional del Estado Civil.

Autor de la Biografía: Jaime Calderón Brugés



César Emilio Sánchez Vásquez
Miembro de Número de la Academia de Historia del Cesar. 
Editor del Blog:Personajes de la Ciudad de los Reyes, Valle de Upar y Región Caribe de Colombia. 

Esta biografía hace parte de los Personajes de la Ciudad de los Reyes, Valle de Upar y Región Caribe de Colombia, publicación de la Academia de Historia del Cesar, recuperando la memoria histórica.

Nota: Al terminar la lectura de cada biografía, encontrarás el signo de google g +1.

4 comentarios:

  1. Doctor Jaime Calderón Brujés:Buen y bien documentado escrito, que provenoente de un hombre estudioso y de buenos y valiosos kilates como usted, no habría porque esperase los menos. Sin embargo, se le hace el quite a la violencia que fue generalizada en todo el país, en unas zona menos que en otras pero siempre hubo violencia. Aquí en Valledupar en 1.949, asesinaron en la esquina occidental del mercado viejo a un gran liberal,Don Cristibal Guerra Ramírez, a su hijo Antonio Guerra Picaza y al perro llamado " El León" y le usurparon sus propiedades............................................Un hermano de la esposa del biografiado,Casimiro Mestre Castro, mató a su tio al padre de Gullermo "Pepe" Castro...............Y también es testimonio de la violencia el barrio de "El Carmen", para no afirmar otras cosas de la región, la cual no fue una abadía de Paz

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Apreciado Lucho, el doloroso homicidio de mi tío Guillermo Castro Trespalacio, padre de mi primo Pepe, cometido por mi tío Casimiro Mestre Castro, no tuvo ninguna relación con la violencia de la época, ellos eras primos hermanos; ocurrió por una esquizofrenia de tío Casimiro y ese dolor aún lo conservamos nosotros porque fue una verdadera desgracia en la familia Castro a la cual nosotros los descendientes Mestre-Castro somos los mismos; gracias por escucharme; José Alfonso Martinez Mestre Villazon Castro

      Eliminar
  2. Es un inmenso honor para mí llevar la misma sangre de este ilustre personaje. Soy bisnieto de su abuelo paterno: Moisés Tácito Martínez Puche, padre de mi abuelo paterno, Lázaro Martínez Pumarejo (1892-1988).

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias primo me gustaría conocerlo y ser su servidor, soy el único hijo varón de su tío José Eugenio cel 3156658556

      Eliminar